Lo bueno es una energía vital que está presente en el aire esperando que las almas correctas lo capten y lo usen a su favor. Para que lo bueno te siga y se quede contigo muy pegadito a ti, es necesario que cambies la forma de verte a ti mismo.

Aleja de tu mente los pensamientos negativos que te llevan a pensar que no puedes hacer algo o que no mereces determinada recompensa.

Declárate a ti mismo como la abundancia en persona y empieza a visualizarte en la situación que quieres lograr. Haz este ejercicio de forma diaria y verás que los resultados te sorprenderán.

¿Cuál es el camino hacia lo que deseas? Toma nota, porque estas recomendaciones te acercarán a ello.

Quiero que lo bueno me persiga – ¿Qué debo hacer?

Evita las afirmaciones categóricas: las palabras “todo,” “nunca,” “todos,” y “ninguno,” deben empezar a desaparecer poco a poco de tu vocabulario. La palabra tiene poder y el poder de este cuarteto es el de llevarte a ver las cosas en dos bandos: el del blanco y el del negro. Sin embargo, los matices siguen siendo la mejor opción para acercarte al bienestar.

El respeto se gana: nunca exijas que te respeten, ni siquiera a tus hijos. Si te ves en la necesidad de hacerlo, es que no has sabido ganártelo. Toma acción para que las personas sientan que eso es lo que les infundes. 

El amor se inspira: y nunca se mendiga. Cuando alguien ya no nos ama, no hay nada que un ruego o un llanto puedan hacer al respecto. Tú no quieres a alguien que se quede a tu lado por lástima o albergando la esperanza de que lo olvides. Suelta y deja ir aquello que ya no te pertenece. Esta es la primera actitud para empezar a inspirar el amor verdadero en la persona correcta.

Desarrolla la resiliencia: aprende de cada mala experiencia y nunca te lamentes por tu suerte. La vida da lecciones que, si miramos para otro lado y no aprendemos, volverá a dárnosla hasta que logremos captar ese conocimiento.

Reclama con asertividad: todos tenemos el derecho, y el deber personal, de reclamar lo que nos pertenece, de asegurarnos de tener nuestros derechos y de decir que no. Hazlo cuando lo creas necesario y hazlo de forma correcta y educada.

Abre tu mente: la vida no es una línea recta, sino que nos invita a transitar por caminos sinuosos. Para ello debemos estar preparados para interactuar con diferentes clases de personas y para cambiar nuestros pensamientos cuando sea necesario.

Concientízate de que no hay soluciones mágicas: lo que hoy te sirve para solucionar un problema, mañana será inútil para otro inconveniente. Del mismo modo, los asuntos se arreglan y se desarreglan producto de la misma energía de la vida. Nadie te dará una receta mágica para que vivas tu vida de forma satisfactoria, sino que solo tú podrás ir encontrando la forma de acomodarte y de volverte a acomodar cuando las cosas se desarreglen.

No permitas que nadie te aleje de ti: las personas que te piden, y mucho más las que te exigen, que cambies, son tóxicas y nada se aproximan al ideal de bienestar que buscas. Tú eres único, original e irrepetible. Que nadie quiera vulnerar tu espacio personal.